SCENE_01
El domingo por la tarde, en la cocina
Es domingo 31 de diciembre, hace calor, y sacas helado del congelador después de comer. Lo comes sin pensar demasiado. Mañana empieza todo distinto. Esa frase — mañana empieza todo — cambia algo en tu cuerpo. De pronto el helado no es helado. Es el último acto antes de la sentencia, la última comida del acusado.
SCENE_02
Lo que la fecha te ordena creer
Si enero comienza con dieta de cero, entonces diciembre debe vaciarse primero. Toda comida de estos días se convierte en recuento de lo que no harás. Comes menos para poder comer peor. Ayunas para ganar permiso. El calendario se convierte en tribunal: hay tiempo sucio y tiempo limpio, comidas que merecen perdón y otras que no. El costo es que nunca simplemente comes. Cada bocado carga el peso de lo que prometiste que cambiaría el 1.
SCENE_03
Un calendario no toma decisiones sobre comida
La verdad más tranquila es que enero 1 no es diferente de diciembre 31. Tu cuerpo no cambia a las 00:01. La comida que comes el lunes 1 es exactamente la misma comida que hubieras comido el domingo 31, sin reescritura moral. Cuando entiendes eso, puedes probar algo distinto: come sin la narrativa de la fecha. Una comida el 31 es solo una comida. Nada que redimirse. Nada que ganar. Solo bocados, sabor, saciedad. Sin boletín.