SCENE_01
El chorro de agua y el atril imaginario
Ya se te acabó el agua caliente y sigues sosteniendo la pastilla de jabón como si fuera un atril, repitiendo la frase sobre cuando tu prima te enseñó a andar en bici, dirigida a los azulejos. Van cinco veces esta noche. Entre el enjuague del acondicionador y la toalla, el brindis empezó a repetirse solo, sin que lo decidieras, igual que una canción pegajosa que no se va.
SCENE_02
Un silencio de medio segundo se vuelve el veredicto
En tu cabeza, el salón ya vivió esta escena una vez esta noche, y salió mal: alguien miraba el teléfono justo en la frase de la bici, la voz se te quebró en la palabra «orgullosa», y el aplauso llegó medio segundo tarde. Tratas ese medio segundo como un dato real, así que reconstruyes la frase otra vez, más suave, luego más firme, convencido de que la combinación exacta de palabras hará que la reacción de la gente deje de ser incierta.
SCENE_03
Salir de la ducha sin la décima versión
Lo más certero es que un brindis se escucha una sola vez, en vivo, ante gente que en su mayoría está contenta de estar ahí y no evaluando tu entonación. Ya conoces la historia de la bici y la línea sobre tu prima; la ducha no está añadiendo material nuevo, solo repite el miedo al silencio. Así que hoy cortas en la tercera repetición: te secas, no vuelves a decir el brindis frente al espejo, y dejas que el resto ocurra en el salón, no en el baño.