SCENE_01
La mano se detiene en el estante sellado
Abres el armario buscando otra cosa —una tirita, el paracetamol— y tu mano se detiene en el estante donde están las vitaminas prenatales, tres frascos en fila, el precinto todavía intacto. Los cuentas sin proponértelo. Uno lo compraste la semana que empezaron a intentarlo. Otro cuando el primero venció sin abrirse. El tercero, en una oferta que te dijiste que era práctica. Cierras la puerta sobre la misma fila ordenada.
SCENE_02
El veredicto en el precinto sin romper
El conteo se convierte en un caso en tu contra: los compraste antes de haberlos merecido, antes de que una prueba o un médico confirmara que tu cuerpo iba hacia algo real. Sin abrir significa sin usar, y sin usar empieza a sentirse como una pequeña farsa que guardas en tu propio armario. Así que dejas de abrir esa puerta salvo que sea imprescindible, y cuando lo haces, apartas la mirada del estante a propósito.
SCENE_03
Un frasco, leído sin adornos
Saca un frasco y lee solo lo que dice la etiqueta —los ingredientes, la dosis, la fecha. No lo que decir que lo compraste dice sobre tu cronología o tu esperanza. Un frasco de vitaminas prenatales es un frasco de vitaminas prenatales; no audita cuándo tenías permiso para desearlo. Vuelve a dejarlo en la fila, con el precinto intacto, sin necesidad de abrirlo hoy. Nota que el estante puede seguir exactamente igual sin que eso diga nada de ti.