SCENE_01
La puerta que ya no suena igual
Cierras el cajón de los cubiertos y, por reflejo, miras hacia el pasillo como si fueras a oír pasos, una mochila, una pregunta desde la cocina. Pero la casa sigue en silencio y la frase aparece sola: “Los hijos se fueron y ya no sé quién soy”. No es solo nostalgia; es que el día perdió su centro y tú también pareces haberlo perdido.
SCENE_02
Lo que te dices en voz baja
Entonces interpretas esa quietud como una prueba: si ya no hay horarios, recados, comidas pendientes ni voces que ordenar, quizá tampoco quede una versión tuya que valga la pena nombrar. Empiezas a moverte por inercia, revisando la encimera, dejando cosas listas por costumbre, y esquivando la pregunta de qué haces ahora con tu tiempo.
SCENE_03
Lo que sigue siendo tuyo
Pero el rol que ocupaste fue real, y su final también. Lo que duele no es un fallo tuyo: es la desorientación que aparece cuando una identidad estaba apoyada en una función que cambió. En vez de resolver quién eres de golpe, puedes probar a notar qué te interesa sin deberle nada a ese papel y escribirlo en una lista breve, privada, sin juzgarla.