SCENE_01
Las once de la noche, el cursor sobre la firma
El portátil sigue abierto en la mesa de la cocina cuando ya todos se han acostado. Encuentras el mismo borrador de siempre: una renuncia sin terminar, con el cursor parpadeando donde debería ir tu firma. Relees el segundo párrafo, el que casi explica por qué, y sientes las ganas de corregir una palabra que no necesita corrección.
SCENE_02
Borrarlo es como prometerle al lunes que sigues dentro
Guardar el borrador sería admitir que llevas semanas ensayando una salida, así que seleccionas el texto y lo borras, como cada domingo, y cierras el portátil como si con eso también cerraras la decisión. La regla no escrita es que mientras ninguna versión de ese correo sobreviva pasada la medianoche, no has considerado realmente irte: puedes entrar al lunes habiendo demostrado, otra vez, que eres quien se queda y carga con todo.
SCENE_03
Guarda la frase, no el ritual del domingo
El borrador no es prueba de que estés atrapado; es el único inventario honesto que escribes de lo que esto te cuesta, y borrarlo cada semana borra también esa evidencia junto con el ritual. Esta noche, en lugar de borrarlo, guarda el párrafo en algún sitio que solo tú puedas encontrar y añade una línea: qué tendría que cambiar de verdad antes de enviarlo. Puedes no decidir nada esta noche y aun así dejar de descartar lo que ya sabes.