SCENE_01
Los Nombres Que Leyó en Voz Alta
Videollamada del lunes, cámara encendida. Tu jefe lee el nuevo equipo de la cuenta grande: cinco nombres, un gesto de aprobación después de cada uno. El tuyo no llega. Sigues sonriendo en tu cuadrito mientras los demás cuadros se llenan de pulgares arriba, y repasas el chat para confirmar que escuchaste bien la lista.
SCENE_02
El Expediente Que Armo Contra Mí
Decides que esto no fue organización de agendas, fue una sentencia, decidida y cerrada sin que tú estuvieras presente. Esa tarde entras dos veces a la lista compartida del equipo, buscando si añadieron tu nombre después. Dejas de proponer ideas en el grupo, por si una buena idea ahora parece prueba de que te dejaron fuera sin razón. Escribes un mensaje cuidadoso para Recursos Humanos sobre «reparto de carga» y lo reescribes cuatro veces sin enviarlo.
SCENE_03
La Tarea Que Anoto en Su Lugar
Esa lista probablemente se armó según quién ya conocía a ese cliente y quién tenía agenda libre este trimestre, no según una sentencia leída línea por línea sobre ti. Cierras el borrador sin enviar y abres tu propio registro de tareas. Junto a la fecha de hoy anotas lo único que terminaste — una prueba que no le rinde cuentas a nadie más que a ti, y que dura más que cualquier lista en la que no estuviste.