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La ciencia de la amistad adulta y la soledad: por qué la señal no es un veredicto
La historia que te cuenta la soledad — que algo anda mal contigo, que en realidad no le gustas a la gente, que la amistad debería surgir sola — no encaja con cincuenta años de datos. La investigación describe la soledad como una señal evolucionada, como el hambre, no como un defecto de carácter; muestra que sistemáticamente gustamos a la gente más de lo que creemos tras una conversación; y encuentra que la amistad adulta es en gran parte una cuestión de dosis — unas 50 horas compartidas para ser amigos casuales, más de 200 para ser amigos cercanos. Así se movió la ciencia, y esto es lo que realmente encontró.