SCENE_01
El Cuadro Marcado Junto a la Nevera
Estás vaciando el lavavajillas un martes por la mañana cuando miras el calendario de pared y cuentas: cuatro días. La fecha está marcada en rojo desde enero pasado, y todavía no has encargado las flores, no has decidido si irás al cementerio por la mañana o después del trabajo, no has encontrado la canción. Tus manos siguen moviendo los platos, pero otra parte de ti ya empezó a hacer cálculos, como revisarías un cronograma antes de una entrega en el trabajo.
SCENE_02
Tratar el Duelo como una Lista Pendiente
La cuenta se siente menos como recordar y más como ir atrasado. Si no consigues las flores, la visita, la comida exacta antes de esa mañana, alguna parte de ti está segura de que le habrás fallado — no solo este año, sino para siempre, como un plazo que no se puede extender. Así que los días previos se vuelven frenéticos: pedir cosas antes de tiempo, ensayar lo que dirás, amontonar tareas solo para probar que no dejaste pasar la fecha sin marcarla. Descansas menos cuanto más se acerca.
SCENE_03
Sacar la Fecha de la Cuenta Regresiva
El día no vence como vence un plazo de entrega — no hay una versión donde llegues tarde o incompleto, porque nada en extrañarlo se está calificando. Esta noche, prueba abrir el recordatorio que cuenta los días hasta esa fecha y borra solo la cuenta regresiva, dejando únicamente la fecha. Fíjate si el día sigue significando algo sin un reloj atado a él. Probablemente sí.