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La ciencia de la masculinidad precaria: por qué el mandato de 'ser hombre' nunca termina
"Sé hombre" suena como una descripción de quién eres. La investigación dice que es en realidad una exigencia sobre lo que tienes que seguir haciendo. Desde principios de la década de 2000, un conjunto de trabajos de psicología social ha convergido en un único e incómodo hallazgo: la masculinidad — a diferencia de la feminidad — funciona en la mayoría de las culturas como un estatus que se gana con esfuerzo, se pierde con facilidad y requiere prueba pública constante. Esa dinámica no se queda en lo abstracto: se manifiesta como supresión emocional, lugares de trabajo competitivos y el tipo de agotamiento implacable que viene de correr en un marcador que nunca se reinicia. Nada de esto significa que la masculinidad sea el problema. Significa que el guion precario asociado a ella lo es — y se puede leer.